Quería escribir, escribirte, convertirte en palabras para poder releerte una y otra vez; para leerte cuando ya te hubieras ido; para poder recordarte en mitad del olvido, ese que me consumió y llenó de un frió que no podía quitarme poniéndome ropa. Porque cuando alguien se va eso es lo que nos queda, un invierno en el interior que no se quita visitando otras camas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario