miércoles, 6 de abril de 2016

Yo

Tuve el privilegio de estar enamorada, de enamorarme, de él, que ya ni me habla. Me enamore del chico que usa gafas en clase y chupa de cuero en la calle, del que lee libros en casa y se emborracha de fiesta con los amigos; esa doble cara que tanto se muestra en las pelis, que va de guay con los amigos y con su chica luego es distinto, tierno, sensible, imperfecto. Pero no se trata de él, no es él el que importa en esta historia, así pues ¿por qué seguir dándole importancia? ¿importa demasiado el tipo de chico? esto no se trata de ese "él" sino de ese "me enamoré".
Me enamoré, yo, de unos ojos que encerraban la primavera, con un brillo imperfecto, seguramente de su alergia, la que le hacia también estar sonrojado de forma constante. Me enamore, yo, de su pelo suave por el que me aficione a pasar las manos. Me enamore, yo, de la media sonrisa que siempre enmarcaba su rostro, con esos labios cortados y doloridos de mordérselos, yo, de chupárselos, él. Me enamoré, yo, de su forma de caminar tan decidida, de su postura al sentarse que cambiaba dependiendo de con quien estuviese, de su costumbre de hablar tocándose las manos, de su forma de dormir hundiendo tanto la cara en la almohada que solo podía coger aire por la boca. Me enamoré, yo, de los hábitos que cogimos, de las llamadas telefónicas, las conversaciones tontas, los chistes que solo nosotros entendíamos, de los días juntos que se iban acumulando y que yo guardaba con mucho cariño. Me enamoré yo. Y al enamorarme tuve el privilegio de poder apreciar tanto los pequeños y tontisimos detalles, los que sin duda son los mejores.

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